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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 27 de junio de 2017

Prefacio propio de la Virgen del Perpetuo Socorro


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La Congregación del Santísimo Redentor celebra la fiesta de la Virgen del Perpetuo Socorro cada 27 de junio, y ha compuesto el siguiente Prefacio en honor de ella:

PREFACIO 

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario. 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, 
Dios todopoderoso y eterno.
 
Que por un admirable y providente 

designio de tu amor,
uniste a la gloriosa Virgen María 

a Cristo, tu Hijo,
en la obra de la salvación humana, 

con tan estrecho vínculo,
que fue Madre suya amantísima 

en su humilde Nacimiento.

Asociada a su Pasión 

junto a la Cruz,
es ahora, elevada a la Ciudad celeste,
dispensadora de los tesoros de la redención
y Perpetuo Socorro del pueblo de Dios. 


Ella cuida siempre con afecto materno
a los hermanos de su Hijo 

que se hallan en peligros y ansiedad,
para que, rotas las cadenas de toda opresión,
alcancen la plena libertad del cuerpo y espíritu. 


Por eso, con los ángeles y todos los santos,
al celebrar el memorial 

de la redención y del amor de tu Hijo,
te alabamos en su nombre y cantamos sin cesar: 


Santo, Santo, Santo... 




Fuente: Misas de la Virgen.


27 de junio de 2017, en la Orden redentorista, fiesta de la Virgen del Perpetuo Socorro. Entrada dedicada a ella.


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Nuestra Señora del Perpetuo Socorro: himnos litúrgicos

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La Orden de los redentoristas celebra la "fiesta" ("solemnidad", donde es titular) de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro cada 27 de junio, y en su Liturgia de las Horas propia, figuran estos himnos:


I Vísperas (Sólo donde sea Titular)

Radiante imagen de la casta Madre,
por el pueblo de Creta venerada,
ahora de Roma gala y ornamento,
del Esquilino gloria.

Dijiste, oh, Virgen: «Que mi santa imagen
luzca entre el templo que escogí en la Urbe
como mayor, y el solar laterano
consagrado a San Juan».

Así, Madre buena, es como viniste
de Alfonso al templo, para ser Socorro
de cuantos sufren; así lo sabemos
como tú lo dijiste.

Mas no ayudas sólo al romano pueblo
de los patricios; a la vez te apiadas
del mundo entero, que se ve inundado
por tu sin par imagen.

Tú, a cuantos bate cúmulo de males,
los reconfortas con
perpetua ayuda,
y cuanto se te pide, lo concede
tu infatigable mano.

A Ti, Trinidad, sea dada gloria,
que tan benigna Madre nos has dado,
bajo el nombre de Perpetuo Socorro.
Sé por siempre loada. Amén.


Oficio de lectura (Del Común de la Santísima Virgen)

María, pureza en vuelo,
Virgen de vírgenes, danos
la gracia de ser humanos
sin olvidarnos del cielo.

Enséñanos a vivir;
ayúdenos tu oración;
danos en la tentación
la gracia de resistir.

Honor a la Trinidad
por esta limpia victoria.
Y gloria por esta gloria
que alegra la cristiandad. Amén.


Laudes

Tú, a quien llamamos con dulce nombre,
fuente de auxilio perpetuo,
María, socorre como Madre,
a nosotros, hijos tuyos.

Socórrenos cuando nos fatigue
la senda de salvación;
fortalécenos si vacilamos,
anímanos si cedemos.

Socórrenos si nos amenaza
daño alguno para el cuerpo;
a los enfermos, tristes o míseros,
da tu ayuda protectora.

Socórrenos, en fin, a tus hijos,
cuando con la muerte luchen;
dales ver una victoria plena
y el premio cierto del Cielo.

A Ti, Jesús, gloria sea dada,
que naciste de una Virgen.
Gloria igual al Padre y al Espíritu
por los siglos de los siglos. Amén.


II vísperas (como en las I Vísperas)


27 de junio de 2017, para la Orden del Santísimo Redentor, "fiesta" de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, a quien está dedicada esta entrada.


lunes, 26 de junio de 2017

San Josemaría E. de Balaguer, presbítero: himnos litúrgicos


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La Prelatura del Opus Dei celebra la "solemnidad" de su santo fundador, san Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero, cada 26 de junio, y canta en su honor los siguientes himnos:


I Vísperas

Alzamos con brío, Josemaría,
nuestro canto de alabanza,
pues nos das a tus hijos
un mensaje viejo y nuevo:
Que, tanto los casados como los célibes,
los ancianos como los jóvenes,
conviertan cada día su trabajo
en realidad santa. 

Así, buscando siempre a Cristo,
encontrado y amado sobre todo,
alcancen la corona,
que es el premio de la vida. 

Ayúdanos, te pedimos,
a practicar cuanto nos enseñaste;
que sigamos con paso decidido
al Señor que a todos llama. 

Gloria a Dios Padre
y al Hijo y al Paráclito
que te han premiado con esplendidez,
por los siglos eternos. Amén.


Oficio de Lectura

Josemaría fue maestro, rector, padre nutricio,
guía, docto pastor y sacerdote,
a quien tú, oh, Cristo, infundiste
una íntima visión de luz: 

Que serían los hombres y las mujeres de Dios
quienes te ayudarían a elevar la Cruz
en la cumbre del mundo; y así Cristo triunfador
atraería a Sí todas las cosas. 

Llamados desde la eternidad,
antes ya de la constitución del mundo,
haznos otros cristos, sal, fermento, luz
en las encrucijadas del mundo: 

Sal que preserve de la corrupción,
luz que ilumine los corazones de los hombres,
vivo fermento
que lleve el Pan vivo a todos los trabajos. 

Sólo a Ti, Dios eterno,
Padre, Hijo con el Espíritu Santo,
el sumo homenaje de gloria y alabanza,
ahora y por siempre. Amén.


Laudes

Alabemos al Santo que nos mostró los caminos,
nos abrió paso y facilitó el ingreso
a la vida escondida en Cristo,
a la contemplación en medio del fragor del mundo.

Mientras buscamos el Rostro manso del Señor,
que pasa en medio de las calles,
Él, que es el modelo,
nos esculpe con trazos divinos. 

Esto es imagen del eterno diálogo,
la prenda de la intimidad divina,
de la que el Santo, lleno de gozo,
disfruta en el cielo para siempre. 

Entonemos con el corazón rebosante de alegría
la alabanza a la gloria de la Santa Trinidad,
que ha otorgado a san Josemaría
la corona de los bienaventurados. Amén


II Vísperas

Tú nos mostraste el sendero de lo ordinario
para imitar el ejemplo de Cristo,
transmitiéndonos, obediente a la Luz,
aquella Luz que claramente viste.

Con una vida silenciosa y sin espectáculo,
desempeñaste el ministerio sacerdotal,
predicando la ley de Dios
con humildad. 

La Virgen María te amparó siempre,
venerada Madre del Amor hermoso,
Esclava del Señor, asiento de la Sabiduría
y esperanza nuestra. 

Ruega por nosotros, oh, Virgen santa,
bendita Madre de Dios,
Tú que preparas y conservas en nuestra vida
un camino seguro. 

Elevemos nuestro rostro al Dios Trino,
mientras Lo adoramos con alma piadosa,
y alabemos juntos al Espíritu Santo,
con el Padre y el Hijo. Amén.



26 de junio de 2016, para la Prelatura del Opus Dei, "solemnidad" del santo fundador, Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero. Entrada dedicada a él.


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domingo, 25 de junio de 2017

Prefacio propio de San Luis Gonzaga, religioso


 


La Compañía de Jesús celebra al joven religioso san Luis Gonzaga cada 21 de junio, y ha incluido en el Misal propio de la Orden el siguiente Prefacio:


PREFACIO

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario. 

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre
y en todo lugar, Señor Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Que en San Luis Gonzaga, 
pobre de espíritu, 
y mensajero de los pensamientos de tu corazón, 
nos diste un ejemplo admirable de tu caridad; 
a quien en su juventud, 
despreciados los bienes y honores del mundo, 
dotaste de una perfecta inocencia, 
y por el camino de la penitencia, 
hiciste pobre en tu seguimiento
hasta consagrarte todo,
llevado  de insigne caridad. 

Por lo que nosotros, Señor, 
unidos a todos los angeles y santos, 
te alabamos con alegría diciendo...

Santo, Santo, Santo...


21 de junio de 2017, memoria litúrgica de san Luis Gonzaga, religioso.
(Última atualización de la entrada: 25/06/17).


sábado, 24 de junio de 2017

Obligatoriedad de la Liturgia de las Horas




Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Respuestas acerca de la obligatoriedad de la recitación de la Liturgia de las Horas


La celebración íntegra y cotidiana de la Liturgia de las Horas es, para los sacerdotes y diáconos en camino al presbiterado, parte substancial de su ministerio eclesiástico.

Sería una visión empobrecida mirar dicha responsabilidad como el mero cumplimiento de una obligación canónica, aunque también lo es, y no tendría presente que la Ordenación sacramental confiere al diácono y al presbítero un especial encargo de elevar a Dios Uno y Trino la alabanza por su bondad, por su soberana belleza y por el designio misericordioso acerca de nuestra salvación sobrenatural.

Es decir, la recitación diaria de la Liturgia de las Horas, sin dejar de ser siempre una "obligación canónica", inexcusable en cirunstancias normales, es mucho más que eso: hace realidad el ccompromiso asumido por los ministros ordenados de orar con la voz de la Iglesia, cuya Cabeza y primer Orante es Cristo, por las almas que les han sido encomendadas y por las necesidades de todo el mundo, como se afirma a continuación:

Junto con la alabanza, los sacerdotes y diáconos presentan ante la Divina Majestad la oración de intercesión a fin de que se digne acudir a las necesidades espirituales y temporales de la Iglesia y de toda la humanidad.

El “sacrificio de alabanza” se realiza ante todo en la celebración de la Santísima Eucaristía, pero se prepara y se continúa en la celebración de la Liturgia de las Horas (cf. IGLH, 12), cuya forma principal es la recitación comunitaria, sea en una comunidad de clérigos, o de religiosos, siendo sin embargo muy deseable la participación de los fieles laicos.

Adviértase que la Iglesia claramente "sitúa" por así decirlo, a la Liturgia de las Horas, en indiscutible segundo lugar de importancia después de la Eucaristía. Son las dos principales formas de culto oficial al Dios verdadero.

Sin embargo, la Liturgia de las Horas, llamada también Oficio Divino o Breviario, de ninguna manera carece de valor cuando se la recita sola o, en cierta forma, privadamente, ya que aun en este caso “estas oraciones se realizan privadamente, pero no imploran cosas privadas” (Gilbertus de Holland, Sermo XXIII in Cant., en P.L. 184, 120).

En efecto, aun en similares circunstancias, estas oraciones no constituyen un acto privado sino que forman parte del culto público de la Iglesia, de tal manera que al recitarlas el ministro sagrado cumple con su deber eclesial: el sacerdote o diácono que en la intimidad de un templo, o de un oratorio, o en su residencia, se entrega a la celebración del Oficio Divino realiza, aun cuando no haya nadie que lo acompañe, un acto eminentemente eclesial, en nombre de la Iglesia y en favor de toda la Iglesia, e incluso de la humanidad entera. De lo que se deduce que nunca la recitación del Oficio es tan privada, que deje de ser ante todo un accto público, independientemente de las personas, de los tiempos y de los lugares.

En el Pontifical Romano se lee:

“¿Queréis conservar y acrecentar en vosotros el espíritu de oración correspondiente a vuestro estilo de vida, y en ese mismo espíritu cumplir fielmente, según vuestra condición, con la celebración de la Liturgia de las Horas en unión con el Pueblo de Dios, para su bien e incluso para el de todo el mundo?” (cf. Pontifical Romano, Rito de la ordenación de diáconos). Queda claro, por tanto, que se trata de un compromiso públicamente asumido y de una obligacción libremente aceptada ante el obispo, sucesor de los apóstoles:

Así pues, en el mismo rito de la ordenación diaconal el ministro sagrado pide y recibe de la Iglesia el mandato de la recitación de la Liturgia de las Horas, el que pertenece, por lo tanto, al ámbito de las responsabilidades ministeriales del ordenado, y va más allá del de su piedad personal. Los ministros sagrados, junto con el Obispo, se encuentran unidos en el ministerio de intercesión por el pueblo de Dios que les ha sido confiado, como lo fue a Moisés (Ex 17, 8-16), a los Apóstoles (1 Tim 2, 1-6) y al mismo Jesucristo “que está a la derecha del Padre e intercede por nosotros” (Rom 8, 34).

Igualmente, en la Institutio generalis de Liturgia Horarum (los praenotanda de la Liturgia de las Horas), n. 108 se dice:

“Quien recita los salmos en la Liturgia de las Horas no lo hace tanto en nombre propio como en nombre de todo el Cuerpo de Cristo, e incluso en nombre de la persona del mismo Cristo.”

Asimismo, en el n. 29 de la misma Institutio se dice:

“Por consiguiente, los obispos, presbíteros y demás ministros sagrados que han recibido de la Iglesia el mandato de celebrar la Liturgia de las Horas deberán recitarlas diariamente en su integridad y, en cuanto sea posible, en los momentos del día que de veras correspondan” (IGLH, 29). Es importante el respeto por el momento del día propio de cada hora litúrgica, salvo verdadero impedimento. (Cf. Infra, 2).
El Código de Derecho Canónico, por su parte, establece en el can. 276, ¤ 2, n. 3, que: “los sacerdotes y los diáconos que aspiran al presbiterado están obligados a cumplir cada día con la Liturgia de las Horas, usando sus propios libros litúrgicos (es decir, los debidamente aprobados por sus Conferencias Episcopales y que posean la recognitio de la Santa Sede Apostólica), debidamente aprobados; los diáconos permanentes tienen esa obligación en los términos establecidos por la Conferencia Episcopal”.

Con los antecedentes expuestos se puede responder a las preguntas planteadas en la siguiente forma:

1. ¿Cuál es la mente de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos respecto a la extensión de la obligación de celebrar o recitar diariamente la Liturgia de las Horas?

R: Quienes han sido ordenados están obligados moralmente, en virtud de la misma ordenación recibida, a la celebración o recitación íntegra y cotidiana del Oficio Divino tal y como está canónicamente establecido en el canon 276, ¤ 2, n. 3 del CIC, citado anteriormente. Esta recitación no tiene por ello la índole de una devoción privada, o de un piadoso ejercicio realizado por la sola propia voluntad del clérigo, sino que es un acto propio del sagrado ministerio y oficio pastoral. 

Una vez más se percibe aquí la diferenia entre un acto piadoso y uno litúrgico. Siempre aquel ha de estar ordenado a este, que lo supera en importancia y excelencia, por tratarse del culto ofiial que la misma Iglesia, con Cristo a la cabeza, animada por el Espíritu Santo, eleva al Eterno Padre. En la liturgia, en efecto, más que en nada, se rinde a la Trinidad el culto que Le es debido.

2. ¿Se extiende la obligación sub gravi a la recitación íntegra del Oficio Divino? (en otras palabras: ¿deben recitarse a diario y obligatoriamente las siete horas canónicas?) 

R: Debe tenerse presente que:

a) un motivo grave, sea de salud, o de servicio pastoral del ministerio, o del ejercicio de la caridad, o de cansancio, no una simple incomodidad, puede excusar (entiéndase, no de manera permanente, si se trata de una dificultad transitoria) la recitación parcial e incluso total del Oficio Divino, según el principio general que establece que una ley meramente eclesiástica no obliga con grave incomodidad;

b) la omisión total o parcial del Oficio por sola pereza o por realizar actividades de esparcimiento no necesarias, no es lícita, más aun, constituye un menosprecio, según la gravedad de la materia, del oficio ministerial y de la ley positiva de la Iglesia;

c) para omitir el Oficio de Laudes y Vísperas se requiere una causa de mayor gravedad aún, puesto que dichas Horas son “el doble gozne del Oficio cotidiano” (SC 89);

d) si un sacerdote debe celebrar varias veces la Santa Misa en el mismo día o atender confesiones por varias horas o predicar varias veces en un mismo día, y ello le ocasiona fatiga, puede considerar, con tranquilidad de conciencia, que tiene excusa legítima para omitir alguna parte proporcionada del Oficio;

e) el Ordinario propio del sacerdote o diácono puede, por causa justa o grave, según el caso, dispensarlo total o parcialmente de la recitación del Oficio Divino, o conmutárselo por otro acto de piedad (como por ejemplo, el santo Rosario, el Vía Crucis, una lectura bíblica o espiritual, un tiempo de oración mental razonablemente prolongado, etc.). Esto, de ninguna manera, pretende igualar la recitación de la Liturgia de las Horas con los demás ejercicios piadosos -que de por sí son laudables-, sino de una suplencia por defecto.

2. ¿Cuál es la incidencia del criterio de la veritas temporis sobre esta cuestión?

R: La respuesta debe darse por partes, para aclarar los diversos casos:

a) El “Oficio de Lecturas” no tiene un tiempo estrictamente asignado, y podrá celebrarse a cualquier hora, y se lo puede omitir si existe alguna de las causas señaladas en la respuesta indicada bajo el número 2 anterior. Según la costumbre, el Oficio de Lecturas se puede celebrar a partir de las horas del atardecer o al anochecer del día anterior, después de las Vísperas (cf. IGLH, 59). De ahí que, por ejemplo, quienes participen de la Solemne Vigilia Pascual de la Noche santa de la Resurrección, que ha de celebrarse siempre en horas nocturnas, estén eximidos de la recitación del Oficio de lecturas, que se considera suplido por aquella. Y contrariamente, quienes no participen de dicha Vigilia, pueden rezar el Oficio leyendo y meditando al menos algunas de las nueve lecturas propias de la misma Vigilia (siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo).

b) Lo mismo vale para la “hora intermedia”, que tampoco tiene asignado ningún tiempo determinado de celebración. Para su recitación obsérvese el tiempo que media entre la mañana y la tarde. Fuera del coro, de las tres horas Tertia, Sexta y Nona, cabe elegir una de las tres, aquella que más se acomode al momento del día, a fin de que se mantenga la tradición de orar durante el día, en medio del trabajo (cf. IGLH, 77).

c) De suyo, los Laudes deben recitarse en las horas de la mañana y las Vísperas en las horas del atardecer, como lo indican los nombres de estas partes del Oficio. Si alguien no puede recitar los Laudes en la mañana, tiene la obligación de hacerlo cuanto antes. De igual modo, si las Vísperas no pueden recitarse en las horas de la tarde, deben recitarse apenas se pueda (SC 89). Con otras palabras, el obstáculo que impide observar la “verdad de las horas” no es de por sí una causa que excuse de la recitación de los Laudes o las Vísperas, porque se trata de “Horas principales” (SC, 89) que “merecen el mayor aprecio” (IGLH, 40).

Quien recita gustosamente la Liturgia de las Horas y procura celebrar con dedicación las alabanzas al Creador del universo, puede recuperar al menos la salmodia de la hora que haya sido omitida después del himno de la hora correspondiente y concluir con una sola lectura breve y la oración. 

Párrafo el anterior que me permite recordar que la salmodia es verdaderamente el corazón de la Liturgia de Laudes y de Vísperas. Lo son, en segundo lugar, los cánticcos evangélicos. En efecto, tanto estos como los salmos son los textos más extensos del Breviario tomados de las Sagradas Escrituras. La lectio brevis, como su nombre lo indica, es menos extensa. 

Estas respuestas se publican con el beneplácito de la Congregación para el Clero.

Ciudad del Vaticano, 15 de noviembre de 2000.

Jorge A. Card. Medina Estévez
Prefecto

Francesco Pio Tamburrino
Arzobispo Secretario.
24 de junio de 2017, solemnidad del Nacimiento de san Juan Bautista. Entrada dedicada a él.
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lunes, 19 de junio de 2017

Guion: Domingo XII del Tiempo Ordinario


Dios Padre


Ciclo A

Introducción


El Padre del Cielo, que nunca abandona a sus hijos, nos ha convocado nuevamente en el día más sagrado de la semana. Pidámosle que, unidos en el Espíritu Santo, celebrando los Sagrados Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, y tributando a esta Soberana Trinidad el culto que Le es debido, experimentemos los indecibles beneficios de su amor.

 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Jer. 20, 10-13

"El Señor está conmigo como un guerrero temible".
Hagamos nuestras estas palabras del santo profeta Jeremías y confiemos en que el Señor está con nosotros en el combate contra las fuerzas del mal.

Segunda lectura: Rom. 5, 12-15

Jesucristo es el Nuevo Adán que vino a este mundo para restituir nuestra relación con Dios, afectada por el pecado de los primeros padres.

Evangelio: Mt. 10, 26-33

El Divino Maestro nos invita a que no temamos y a que permanezcamos unidos a Él, confesándolo ante los hombres, para que seamos por Él mismo reconocidos ante el Padre del Cielo.

Las siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la santa Misa de Envío de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, presidida por el Papa Francisco el 28 de julio de 2013, en Río de Janeiro, Brasil:

LLenos de esperanza, elevemos nuestra plegaria a Aquel que viene a traernos la justicia y la paz.

R. Señor, escucha nuestra oración.

-Por la santa Iglesia de Dios, presente en toda la Tierra, para que se renueve en su seno la esperanza y el vigor misionero. R.

-Por el Papa N, por nuestro obispo N, (por su/s obispo/s auxiliar/es N y N), por los sacerdotes, diáconos y por todos los que de algún modo son llamados a anunciar el Evangelio, para que por su vida y ministerio nos ayuden a discernir los signos de los tiempos, y a vivir con esperanza. R.

-Por todos los países del mundo, para que cada vez más unidos a Cristo Señor, se contagien de fraternidad y de amor mutuo a personas y pueblos. R.

-Por los jóvenes, víctimas de las diversas formas de guerra y violencia, para que, rescatados por el Señor, sean artífices de la paz en el mundo de hoy. R.

-Por los enfermos, encarcelados y exiliados, para que el Señor les dé valor  y protección en los difíciles momentos de su jornada. R.

Oración conclusiva

"Acoge, Señor, nuestras peticiones, para que seamos perseverantes frente a los desafíos de la vida presente. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
 
"Oh, Dios, que confías a nuestra debilidad el anuncio profético de tu Palabra, sostennos con la fuerza del Espíritu Santo, para que jamás nos avergoncemos de nuestra fe, sino que confesemos con toda franqueza tu Nombre ante todos los hombres, para ser reconocidos por Ti el Día de tu Venida. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén". 



Ofertorio

"Mi oración sube hasta Ti, Señor, en el momento favorable".

Estas palabras del salmista hallan su pleno cumplimiento cada vez que, como ahora, nos disponemos a presentar los dones para ofrecer la Víctima de nuestra salvación, que es Jesucristo. En efecto, la Carne y la Sangre del Hijo de Dios son Oración viviente e incesante que sube al Padre "en el momento favorable" de cada Eucaristía.


Comunión

Que nuestra comunión con el Cuerpo y la Sangre del Señor infunda en nosotros el valor necesario para no tener miedo de anunciar su Evangelio ante el mundo de hoy.


Despedida

Que la bendición que acabamos de recibir y la confianza en la intercesión de María, la Madre celestial, sean nuestra fortaleza durante la semana que comienza.


19 de junio de 2017, memoria litúrgica de san Romualdo, abad. Entrada dedicada a él, a los 990 años de su muerte terrena.


Prefacio propio de san Romualdo, abad


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La Orden de la Camáldula celebra a su santo fundador, el abad Romualdo con el grado de "solemnidad" cada 19 de junio, el mismo día en que, como "memoria facultativa", está inscripto en el Calendario universal. He aquí el Prefacio propio de la Orden:


PREFACIO 

Reformador y amante de la vida en soledad 

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.  

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro. 

En tu benevolencia
has colmado del gozo de sublime contemplación
a san Romualdo,
padre y maestro de monjes y eremitas;
lo has enriquecido de luz profética
y lo has inflamado de celo apostólico;
de tal modo que, por el silencio de la palabra
y la santidad de vida,
a muchos ha guiado
por el camino de la salvación. 

Celebrando, pues, con gozo,
estas maravillas de tu generosidad,
te entonamos un himno de gloria,
proclamando con los coros angélicos:

Santo, Santo, Santo...


19 de junio de 2017, memoria facultativa (para los camaldulenses, "solemnidad") de san Romualdo, abad. Entrada dedicada a él a los 990 años de su muerte terrena.