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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Bendición de una nueva escuela o universidad




Texto comentado
 
Bendicional: en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XIII del Bendicional, entre el conjunto de las "bendiciones de construcciones y actividades", ofrece la siguiente, destinada a santificar la labor eeducativa y los ámbitos en que ella se desempeña:

BENDICIÓN DE UNA NUEVA ESCUELA O UNIVERSIDAD

601. La Iglesia ha patentizado siempre un interés especial por las escuelas, tanto las de grado inferior como las de superior, ya que en ellas se van abriendo las mentes de los discípulos hasta alcanzar una eficaz educación. Esto tiene aplicación sobre todo en aquellas instituciones católicas donde los adolescentes y jóvenes tienen la posibilidad de adquirir una cultura y una formación humana, al tiempo que van haciéndose receptivos al espíritu del Evangelio.

602. La bendición que aquí se propone tiene presente tanto al personal docente y a sus alumnos, como también a todos los que de algún modo están al servicio de la escuela o universidad, así como a la misma comunidad en cuyo provecho se erigen. Por eso es conveniente que todos estén presentes en la celebración, en cuanto sea posible. (Adviértase el gran "alcance", por decirlo así, de esta bendición: incluye también a los que menos directamente se ven involucrados en el ámbito de la educación).

603. Este rito pueden usarlo el sacerdote o el diácono, los cuales, respetando su estructura y sus principales elementos, adaptarán la celebración a las circunstancias del lugar y de las personas.

604. En aquellos lugares donde se celebra cada año la bendición de las escuelas durante el tiempo pascual o en otro tiempo, si se utilizan los elementos indicados en este rito y también en el rito de la Bendición de los niños, capítulo I, núms. 136-157, será fácil preparar una celebración que tenga en cuenta a un tiempo al personal docente y al alumnado.

605. Esta bendición puede celebrarse también dentro de la celebración de la Misa. Si la nueva escuela o universidad tiene iglesia propia, y esta ha de ser dedicada o bendecida, en las letanías o en la oración de los fieles (nótese que de manera implícita se está diciendo que está permitido optar indistintamente entre una u otra) pueden intercalarse, según las circunstancias, algunas adecuadas invocaciones o intenciones relacionadas con el local y con la actividad de la escuela.

I. RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

606. Reunida la comunidad en el lugar adecuado, puede cantarse el salmo 66 (67) u otro canto apropiado. Terminado éste, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

607. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo: (saludo litúrgico trinitario, redactado a partir de un campo semántico perteneciente al mundo del saber, al igual que el saludo conclusivo del rito -cf. infra, 618; 619-)

Dios, fuente de sabiduría; Cristo, el Señor, su Palabra encarnada; y el Espíritu de la verdad, estén con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

608. El celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes: (sugestiva la analogía del docente con Cristo Maestro, enunciada en la siguiente monición)

El Dios de sabiduría nos conduce de diversas maneras a un conocimiento más profundo de sí mismo, conocimiento que completó en su Hijo, hecho hombre por nosotros. Los conocimientos, ciencias y enseñanzas de todo género, que la mente humana se esfuerza en profundizar, deben estar encaminados a la posesión de la verdad y a la adoración del Dios verdadero. Hoy imploramos la bendición divina sobre este lugar, destinado a la investigación, el aprendizaje y la difusión de la verdad, para que los educadores instruyan aquí a los niños y a los jóvenes, les enseñen a conciliar debidamente la sabiduría humana con la verdad evangélica, y sean, de este modo, capaces de guardar la fe verdadera y profesarla externamente con su conducta. Pediremos también que los discípulos descubran en sus profesores la presencia de Cristo Maestro, para que, enriquecidos con la ciencia y la enseñanza tanto humana como divina, lleguen a ser personas preparadas y aptas para iluminar y ayudar a los hermanos.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

609. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Mt 5, 1b. 2. 13-16: Vosotros sois la luz del mundo

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Mateo:

Se sentó Jesús, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
—«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla afuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Palabra del Señor.

610. Pueden también leerse: Pr 1, 1-7; Sb 7, 7-20; Sb 9, 1-6. 10-18; Si 1, 1-4. 18-20; Si 51, 18-29; Ef 4, 11-24; Mt 11, 25-30.

611. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 118 (119), 97-98. 99-100. 124-125 (R.: cf. 105)

R. Tu palabra, Señor, es luz en mi sendero.

¡Cuánto amo tu voluntad!:
todo el día la estoy meditando;
tu mandato me hace más sabio que mis enemigos,
siempre me acompaña; R.

soy más docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus leyes. R.

Trata con misericordia a tu siervo,
enséñame tus leyes;
yo soy tu siervo: dame inteligencia,
y conoceré tus preceptos. R.

612. O bien:

Sal 18B (19B), 8. 9. 10. 12

R. (Jn 6, 68c) Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

Sal 77 (78), 1-2. 3-4. 5 y 7

R. (I Co 1, 30) Dios ha hecho a Cristo Jesús para nosotros sabiduría.

Sal 138 (139), 1-2. 3-4. 5-6. 17-18

R. (cf. 10) Tu derecha, Señor, me guiará.

613. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

614. Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento o de las personas.

Puesto que la primicia de la sabiduría es el temor del Señor, invoquemos a Dios, pidiéndole que nos haga capaces de distinguir y practicar todo lo que es verdadero y justo. Supliquémosle, diciendo:

R. Danos, Señor, el Espíritu de sabiduría.

a) Para una escuela

Señor, Dios nuestro, que nos amas tanto que has querido que nos llamemos y seamos hijos tuyos,
—haz que también las ciencias humanas nos ayuden a ver con más claridad y vivir con plenitud nuestra vocación cristiana. R.

Tú que en Cristo, tu Hijo, nos diste el modelo del hombre nuevo, que va creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia,
—haz que, a medida que aumentan nuestros conocimientos humanos, crezca también nuestro aprovechamiento espiritual. R.

Tú que has dispuesto que el hombre llegue a su madurez mediante la cooperación de los demás,
—concédenos que todos los que trabajan en nuestra formación no dejen de inculcarnos la preocupación por el bien común. R.

Tú que eres el autor y el defensor de la dignidad humana,
—haz que los beneficios de una sana educación lleguen a todos los hombres de todos los lugares. R.

b) Para una universidad

Señor, Dios nuestro, que has hecho al hombre partícipe de tu misma sabiduría,
—haz que evitemos toda intención meramente terrena y que busquemos la formación íntegra de la persona. R. (No se habla en contra aquí de una acción "terrena" sino de solamente ella).

Tú que enviaste al mundo a tu Hijo, luz verdadera, que alumbra a todo hombre, para que fuera testigo de la verdad,
—haz que, buscando libremente la verdad, podamos contribuir, con nuestros logros, al progreso de la sociedad humana. R.

Tú que, con sabia disposición, has querido que la unidad de la comunidad humana no fuera ajena al misterio de salvación,
—haz que el avance de la ciencia y de la pedagogía ayude eficazmente a la unión de los hombres. R.

Tú que nos diste el mandato evangélico de entregarnos plenamente al servicio de los hermanos,
—haz que nos esforcemos incansablemente y con voluntad unánime en la clara afirmación de los derechos humanos. R.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

615. El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Señor, Dios todopoderoso, escucha nuestras súplicas y haz que esta casa, dedicada a la formación humana de los jóvenes, al progreso de la ciencia y a la adquisición de nuevos conocimientos, sea un lugar en el que discípulos y maestros, instruidos con palabras de verdad, sigan las enseñanzas de vida cristiana y se esfuercen por unirse de todo corazón a Cristo, el único Maestro. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

616. O bien:

Oh, Dios, que nos concedes hoy inaugurar bajo tu protección este local destinado a la enseñanza, concédenos, por tu favor, que todos los que acudan a él para enseñar o aprender, busquen siempre la verdad y te reconozcan a ti como su única fuente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

617. Después de la oración de bendición, el celebrante rocía con agua bendita a los presentes y la casa, mientras se entona un canto adecuado. (A diferencia de otras bendiciones, en esta, la aspersión no se plantea como facultativa).

CONCLUSIÓN DEL RITO

618. El celebrante concluye el rito, diciendo, con las manos extendidas sobre los presentes:

El Padre, Dios de todo conocimiento, nos instruya en sus caminos; Cristo, Sabiduría eterna, nos haga conocer la verdad; el Espíritu Santo, luz divina, ilumine siempre nuestras mentes, para que aprendamos lo que es justo y bueno y lo pongamos por obra.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R. Amén.

619. O bien, el celebrante, o el diácono si lo hay (de haberlo, debe ser este último), según las circunstancias, invita al pueblo a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Inclinaos para recibir la bendición.

Luego el celebrante, con las manos extendidas sobre los presentes, los bendice, diciendo:

El Dios de sabiduría os sostenga con su bendición.

R. Amén.

Cristo, el único Maestro, os enseñe palabras de vida eterna.

R. Amén.

El Espíritu Santo Defensor os guíe hasta la verdad plena.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R. Amén.

620. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

II. RITO DE LA BENDICIÓN DENTRO DE LA CELEBRACIÓN DE LA MISA

621. En la celebración de la Misa se eligen, según convenga, y guardando las debidas normas, las oraciones y lecturas de las Misas votivas del Espíritu Santo (5). (Entiéndase, en los días en que están permitidas las Misas votivas).

622. Después del Evangelio, el celebrante hace la homilía, en la cual, basándose en el texto sagrado, explica también el significado del rito. Terminada la homilía, según las circunstancias, se dice el Símbolo o Credo.

623. La oración universal puede hacerse en la forma acostumbrada en la celebración de la Misa o con las fórmulas indicadas anteriormente en las preces de este rito, núm. 614.

624. Terminada la oración después de la comunión, el celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos, pidamos humildemente a Dios, Señor de la sabiduría, que todos los que acudirán a este lugar en busca de una enseñanza científica y de unas normas de vida, reciban la instrucción interna del Espíritu Santo y escuchen la enseñanza de Cristo, Maestro en su Evangelio.

Todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante, con las manos extendidas, dice:

Señor, Dios todopoderoso, escucha nuestras súplicas y haz que esta casa, dedicada a la formación humana de los jóvenes, al progreso de la ciencia y a la adquisición de nuevos conocimientos, sea un lugar en el que discípulos y maestros, instruidos con palabras de verdad, sigan las enseñanzas de vida cristiana y se esfuercen por unirse de todo corazón a Cristo, el único Maestro. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

625. O bien:

Oh, Dios, que nos concedes hoy inaugurar bajo tu protección este local destinado a la enseñanza, concédenos, por tu favor, que todos los que acudan a él para enseñar o aprender busquen siempre la verdad y te reconozcan a ti como su única fuente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

626. El celebrante, o el diácono si lo hay, según las circunstancias, invita al pueblo a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Inclinaos para recibir la bendición.

Luego el celebrante, con las manos extendidas sobre los presentes, los bendice, diciendo:

El Dios de sabiduría os sostenga con su bendición.

R. Amén.

Cristo, el único Maestro, os enseñe palabras de vida eterna.

R. Amén.

El Espíritu Santo Defensor os guíe hasta la verdad plena.

R. Amén.

Finalmente bendice a los presentes, añadiendo:

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

F Amén.

627. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


Nota:

5 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 62-63, 764-768.


21 de septiembre de 2016, fiesta de San Mateo, apóstol y evangelista. Entrada dedicada a él.


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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Bendición de una nueva cruz


Crucifijo de Santa Gema


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
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El capítulo XXXI del Bendicional, en la parte que trata sobre la "bendición de las cosas destinadas a la liturgia y devoción", ofrece la siguiente "bendición de una nueva cruz que se ha de exponer a la pública veneración":

1066. Entre las sagradas imágenes, ocupa el primer lugar «la representación de la valiosa y vivificante cruz» (18), ya que es el símbolo de todo el Misterio pascual. Para el pueblo cristiano ninguna otra imagen es más querida, ninguna más antigua. La santa cruz representa la Pasión de Cristo y su triunfo sobre la muerte, y también, como enseñaron los santos Padres, anuncia su segunda y gloriosa venida. En efecto, la cruz, que hasta la Crucifixión del Señor había sido sinónimo de desesperación y muerte, desde entonces es signo de vida, amor, paz, esperanza y perdón. No solamente evoca la bienaventurada Pasión del Señor, sino también su gloriosa Resurrección y su Parusía.

1067. La imagen de la cruz, no sólo se ofrece a la veneración de los fieles el Viernes Santo y es celebrada como Trofeo de Cristo y árbol de vida en la fiesta de la Exaltación, el día 14 de septiembre, sino que también descuella en la Iglesia y se coloca ante el pueblo siempre que éste se reúne para celebrar los divinos oficios, y se sitúa en lugar destacado en los hogares de los bautizados. (La segunda parte de la austera Acción litúrgica del Viernes Santo, se llama precisamente "Adoración de la Cruz" -lo cual ha de entenderse como metonimia, en el sentido de que la adoración se dirige al Señor en el Misterio de su Pasión, elocuentemente representado con el signo de la cruz-. Para este Viernes  y también el Sábado santo, la liturgia prescribe la genuflexión ante la cruz expuesta; y se invita a los fieles a  que tengan un gesto de amor -oración de rodillas, beso u otro- hacia la sagrada Efigie del Salvador Crucificado). Teniendo en cuenta las circunstancias de tiempo y de lugar, con razón los fieles erigen públicamente la cruz, para que sea testimonio de su fe y signo del amor que Dios tiene a todos los hombres.

1068. Es conveniente, máxime si se trata de una cruz que se coloca en un lugar insigne de la iglesia, (más si se trata de la cruz central) que la imagen del cuerpo de Jesús crucificado esté también fijada a la cruz.

1069. El rito que aquí se describe puede usarlo el presbítero, el cual, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptará la celebración a las circunstancias de las personas y del lugar. Si, como es aconsejable, preside el rito el Obispo, se harán las oportunas adaptaciones.
Nótese que es una de las pocas bendiciones del Bendicional que no puede presidir un diácono.

1070. La bendición de la nueva cruz puede hacerse en cualquier día y hora, excepto el Miércoles de Ceniza, el Triduo pascual y la Conmemoración de todos los fieles difuntos; pero debe elegirse un día en que los fieles puedan acudir en gran número. Se ha de preparar oportunamente a los fieles para que asistan activamente al rito. El día más oportuno es, por razones obvias, la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. que pertenece al Calendario universal (14/09), o si no,  la festividad de la Invención de la Santa Cruz, que actualmente se conserva en varios calendarios particulares (03/05). Los días de Cuaresma, a partir del "Jueves después de Ceniza", y especialmente en los domingos, pueden ser una buena ocasión para llevar a cabo esta bendición, en particular el V o el VI, que es llamado "de Ramos" o "de la Pasión del Señor".

1071. El rito que se describe en este capítulo se refiere únicamente a dos casos:

a) cuando se ha de bendecir solemnemente una cruz erigida en un lugar público, distinto de la iglesia;

b) cuando se ha de bendecir la cruz principal que descuella en la nave de la iglesia, donde se reúne la comunidad de los fieles.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

1072. Si ello es factible, conviene que la comunidad de los fieles se dirija procesionalmente desde la iglesia u otro lugar adecuado al lugar donde se ha erigido la cruz que se ha de bendecir. (Los cantos que se meencionan más abajo, u otro himno a la Cruz, pueden ser aconsejables para acompañar la procesión, o bien, las letanías de los santos). Si la procesión no puede hacerse o no parece oportuna, los fieles se reúnen en el lugar donde se ha erigido la cruz que se ha de bendecir.

1073. Reunido el pueblo, el celebrante saluda a los fieles, diciendo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por nosotros colgó del madero, esté con todos vosotros.
U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

1074. Luego el celebrante habla brevemente a los fieles para disponer su ánimo a la celebración y explicar el significado del rito; puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes:

Al bendecir solemnemente esta cruz, queridos hermanos, veneremos con fe el designio eterno de Dios, según el cual el misterio de la cruz se ha convertido en el signo de la misericordia divina. Siempre que miremos la cruz, recordaremos que en ella culminó el misterio del amor con el que Cristo amó a su Iglesia. Siempre que saludemos la cruz, acordémonos de que Cristo, suprimiendo con su Sangre toda división, hizo de todos los hombres un solo pueblo. Siempre que veneremos la cruz, pensemos que somos y nos declaramos discípulos de Cristo y, cargando todos cada día con la propia cruz, sigámoslo con generosidad. Esforcémonos, pues, por asistir atentamente a esta celebración, para que el misterio de la cruz brille, ante nuestros ojos con un nuevo fulgor y podamos sentir con más fuerza su eficacia.

1075.
Terminada la monición, el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante prosigue:

Oh, Dios, cuyo Hijo, al pasar de este mundo a ti, clavado en el árbol de la cruz, reconcilió contigo a la familia humana, dirige tu mirada sobre estos servidores tuyos, que han levantado esta señal de salvación, y concédeles que, protegidos por su poder, cargando con su cruz cada día y siguiendo el camino del Evangelio, alcancen felizmente la meta del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Todos:

Amén.

1076. El diácono (como le es propio en toda celebración litúrgica), si las circunstancias lo aconsejan, hace la monición:

Marchemos en paz.

1077. Y se organiza la procesión hacia el lugar donde se ha erigido la cruz. Mientras avanza la procesión, se canta la antífona.

R. Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro, Señor Jesucristo. (Introito de la Misa In Cena Domini).

Con el salmo 97 (98), un himno u otro canto adecuado.

Salmo 97 (98)

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra. R.

Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud. R.

1078. Si no ha de hacerse la procesión, inmediatamente después de la colecta, omitido el canto, se hace la lectura de la Palabra de Dios.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

1079.
Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee uno o varios textos de la Sagrada Escritura, seleccionados principalmente entre los que se indican a continuación o los que se proponen en el Leccionario sobre el Misterio de la santa Cruz (19), intercalando los convenientes salmos responsoriales o bien espacios de silencio. La lectura del Evangelio ha de ser siempre el acto más relevante. También pueden emplearse las lecturas que propone el Leccionario sobre la Pasión del Señor (20).

Flp 2, 5-11: Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz (es la segunda lectura del Domingo de Ramos)

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo- nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: «Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.»

Palabra de Dios.
1080. Pueden también leerse: Nm 21, 4-9; I Co 2, 1-5; Hb 4, 12-16; Jn 3, 13-17; Jn 19, 25-27.

1081. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 30 (31), 2 y 6. 12-13. 15-16. (R.: Le 23, 46)

R. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. R.

1082. O bien:

Sal 21 (22), 8-9. 17-18a. 23-24b

R. (2a) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Sal 54 (55), 5-6. 13. 14-15. 17-18. 23

R. (23ab) Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.

1083. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración y el poder de la cruz del Señor.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

1084. Terminada la homilía, el celebrante, de pie ante la cruz, (¡cómo no evocar con esta expresión la grandiosa imagen de la Dolorosa, sostenida en esta Hora suprema de la historia por su fe inquebrantable!) con las manos extendidas, dice la oración de bendición: (por su exquisita teología, por su altura literaria y por la profundidad de sus enseñanzas y súplicas, la siguiente es una de las más bellas bendiciones del Bendicional)

Te bendecimos, Señor, Padre santo, que, en el exceso de tu amor, nos procuraste el remedio de la salvación y de la vida en el árbol, de donde el primer hombre había sacado ruina y muerte. Porque, cuando llegó la hora de su Pascua, Jesús, el Señor, sacerdote, maestro y rey, ascendió voluntariamente al árbol de la cruz y lo convirtió en trono de su gloria, en altar de su sacrificio, en cátedra de la verdad. Allí, elevado sobre la tierra, venció al antiguo enemigo y, vestido con la púrpura de su sangre, atrajo hacia sí, lleno de amor, a todos los hombres; allí, con los brazos extendidos, te hizo, Padre, la ofrenda de su vida e infundió una fuerza salvadora a los sacramentos de la Nueva Alianza; allí, enseñó con su muerte lo que antes había anunciado de palabra: que el grano de trigo, cuando muere, produce fruto abundante. Así, pues, te suplicamos, Señor, que tus fieles, al venerar este signo de salvación, reciban los frutos de redención que Cristo Jesús mereció con su Pasión; que en la cruz den muerte a sus pecados y que, por el poder de esta cruz, dominen la soberbia y fortalezcan su debilidad; que en ella encuentren consuelo en sus aflicciones y seguridad en sus peligros; y que, protegidos por su poder, recorran sin daño los caminos de este mundo, hasta que tú, Padre, los recibas en el Hogar del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

1085. O bien:

Señor, Padre santo, que quisiste que la cruz de tu Hijo fuera la fuente de toda bendición y el origen de todos tus beneficios, atiende generoso a nuestras súplicas, ya que hemos alzado esta cruz como un testimonio de nuestra fe, y concédenos que, viviendo, aquí en la Tierra, unidos siempre al misterio de la Pasión de Cristo, alcancemos el gozo eterno de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1086. El celebrante pone incienso en el incensario e inciensa la cruz. (Con tres ductus, de acuerdo con lo que establecen las normas litúrgicas vigentes).

Después se canta la antífona:

Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa Resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.


O bien:

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro.


U otro canto adecuado en honor de la santa cruz.

1087. Terminado el canto, si puede hacerse cómodamente, el celebrante, los ministros y los fieles veneran la nueva cruz (las dos opciones aquí propuestas son un eco de la Liturgia del Viernes Santo, a la que he aludido más arriba): se acercan a ella ordenadamente uno tras otro y le hacen alguna señal de veneración, según las costumbres del lugar. Si esto no es posible, el celebrante, con unas breves palabras, invita al pueblo a venerar la santa cruz, y éste la venera, guardando algún tiempo de silencio o profiriendo una adecuada aclamación, por ejemplo: Esta señal de la cruz brillará en el cielo cuando venga el Señor para juzgar.

CONCLUSIÓN DEL RITO

1088. Terminada la veneración de la cruz, se hace la oración universal, en la forma acostumbrada en la celebración de la Misa, o en la forma aquí propuesta: (sabiamente "entretejida" con los textos bíblicos que la sagrada liturgia tradicionalmente asigna a las celebraciones sobre los misterios de la Pasión del Señor)

Invoquemos a nuestro Redentor, que nos ha redimido por su cruz, y digámosle:

R. Por tu cruz, sálvanos, Señor.

Cristo, tú que te despojaste de tu gloria y tomaste la condición de esclavo, pasando por uno de tantos,
—haz que todos los miembros de la Iglesia imitemos tu humildad. R.

Cristo, tú que te rebajaste hasta someterte incluso a la muerte, y una muerte de cruz,
—otórganos, a tus servidores, la virtud de la sumisión y la paciencia. R.

Cristo, tú que fuiste levantado sobre todo por Dios, que te concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»,
—concede a tus fieles la perseverancia hasta el fin en tu servicio. R.

Cristo, a cuyo Nombre ha de doblarse toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo,
—atrae a todos los hombres hacia tu corazón, para que te veneren y te adoren con fe. R.

Cristo, a quien toda lengua proclamará Señor, para gloria de Dios Padre,
—recibe a nuestros hermanos difuntos en el reino de la felicidad eterna. R.

1089. Luego el celebrante introduce oportunamente la oración del Señor, con estas palabras u otras semejantes:

Siguiendo las palabras y ejemplos de Cristo en su Pasión, digamos la oración en la que confiadamente nos entregamos a la voluntad de Dios, nuestro Padre.

Todos:

Padre nuestro...

El celebrante dice a continuación:

Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:

Amén.

1090. Luego el celebrante bendice al pueblo como de costumbre y el diácono despide al pueblo.
 Notas:
18 Concilio de Nicea II, Act. VII: Mansi XIII, 378; Denzinger-Schónmetzer, 601.
9 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 969-974.
10 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núm. 975.


14 de septiembre de 2016, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Entrada dedicada al Santo Cristo Crucificado y Resucitado.


martes, 13 de septiembre de 2016

Bendición de una nueva biblioteca


Biblioteca Apostólica Vaticana


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XIV del Bendicional, en la parte que reúne las "bendiciones de construcciones y actividades", ofrece la presente "bendición de una nueva biblioteca":

628. Cuando se inaugura una nueva biblioteca, máxime si está destinada al uso de alguna comunidad, se ofrece una buena oportunidad pastoral de impartirle la adecuada bendición y recordar a los fieles su significado.

629. Este Rito pueden utilizarlo el sacerdote o el diácono, los cuales, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las circunstancias del lugar y de las personas.

630. En aquellos lugares donde cada año, durante el tiempo pascual o en otro tiempo, se imparte también la bendición a las bibliotecas u otros lugares similares, podrá disponerse una adecuada celebración, empleando de manera conveniente los principales elementos indicados en esta Bendición.

631. En el Rito de la bendición participarán siempre la comunidad misma, o por lo menos algunos representantes suyos.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

632. Reunida la comunidad, puede entonarse un canto adecuado. Terminado éste, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

633.
Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

Jesús, el Señor, que es el camino, y la verdad, y la vida, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

634.
El celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

La Palabra de Dios, que procede de la Suprema Verdad en persona y conduce a la verdad, es viva y eficaz y sigue su avance glorioso, no sólo cuando es escuchada en la predicación, sino también cuando es leída y percibida a través de los libros y de otros medios de comunicación social. Dios, en efecto, despierta en el corazón del hombre el deseo de conservar en los libros y demás medios los resultados de la investigación humana, que tiene por objetivo la conquista de la verdad. Esta verdad se halla de modo eminente en los libros de la Sagrada Escritura, por su condición de inspirados por Dios. Pero también los demás libros, que alimentan el pensamiento y la palabra del hombre, si se escriben y conservan para difundir la verdadera cultura, para una investigación más profunda de la verdad y para un honesto esparcimiento del espíritu, extraen siempre de la misma fuente divina de la sabiduría y de la bondad las cosas buenas que explican y divulgan. Así, la lectura puede contribuir a que la verdad se convierta en norma de vida, la sabiduría fomente la humildad y los hombres lleguen a una mayor armonía entre ellos. Por tanto es oportuno pedir la bendición de Dios para vuestra iniciativa, ordenada a la custodia y difusión de los libros, ya que es una manera de proclamar la verdad divina.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

La infinita preeminencia de la Sagrada Biblia por sobre cualquier otro libro, expuesta en la monición precedente, se concreta a continuación, cuando en este rito de la bendición de un conjunto de libros, se proclama la Palabra contenida en uno solo de ellos, el más sublime:

635. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Col 3, 16-17: Todo lo que realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Colosenses.

La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Palabra de Dios.

636. Si se estima oportuno, puede hacerse una exposición de algún libro de la Sagrada Escritura, principalmente de los evangelios; o también una lectura prolongada de la misma Sagrada Escritura, pero sin omitir la homilía antes de la oración de bendición. (La obligatoriedad de la homilía obedece a que este rito intenta poner de relieve, según lo ya dicho, la supremacía de las Sagradas Escrituras frente a cualesquiera otras lecturas).

637. Textos de la Sagrada Escritura que pueden emplearse: Lc 1, 1-4;

Lc 4, 16-22a; Jn 21, 24-25.

638. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 18B (19B), 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 63c)

R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.

639. O bien:

Sal 76 (77), 12-13. 14-15. 16

R. (15) Tú, oh, Dios, haces maravillas.

640. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

641. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Dios, nuestro Señor, nos hace ver en la misma naturaleza sus palabras, hechos y prodigios y nos los da a conocer en los libros sagrados, leídos con fe; invoquémoslo, diciendo unidos de corazón:

R. Haz, Señor, que te busquemos siempre y, buscándote, te encontremos.

Cristo, Redentor nuestro, Palabra del Padre y Sabiduría eterna, luz verdadera que alumbra a todo hombre,
—muéstranos el camino de la verdad. R.

Tú que prometiste a tus discípulos que el Espíritu Santo les enseñaría la verdad plena, para que pudieran penetrar más profundamente los misterios divinos,
—haz que, con la inspiración y la ayuda del mismo Espíritu estemos perfectamente instruidos para toda obra buena. R.

Tú que en Nazaret desenrollaste el libro y explicaste a los presentes el texto proclamado,
—haz que busquemos siempre la verdad y que la realicemos en el amor. R.

Tú que quisiste que quedaran consignadas por escrito muchas de tus obras, para que creamos y para que, creyendo, tengamos vida en tu Nombre,
—haz que, con fe y con generosidad, abramos a nuestros hermanos el camino de la verdad y de la salvación. R.

Tú que quisiste que tus discípulos y fieles comunicaran a los demás el fruto de sus reflexiones y experiencias,
—haz que escuchemos con docilidad a aquellos maestros llenos de prudencia y de sana doctrina. R.

Tú que eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
—haz que nuestros nombres se hallen escritos en el Libro de la Vida. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

642. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición, el celebrante implora la ayuda divina, con estas palabras u otras semejantes: (se trata de breves súplicas de estilo litánico)

Señor, Dios de sabiduría, haz que caminemos en tu verdad.

R. Señor, ten piedad.

Tú, Señor, que conoces todo, enséñanos tus caminos.

R. Señor, ten piedad.

Tú que en tu sabiduría formaste el mundo, haz que sepamos conocer lo que te es grato.

R. Señor, ten piedad.

Da la sabiduría asistente de tu trono a todos los que aquí vendrán para leer o estudiar.

R. Señor, ten piedad.

El adverbio "aquí" de la súplica anterior alude puntualmente al lugar en que se lleva a cabo el rito y para el que se implora la bendición del Señor. Como puede advertirse, el espacio y el tiempo son santificados por la gracia de Dios.

Haz que todos los que acudan a este lugar vayan progresando en el conocimiento de las cosas divinas y humanas y en tu amor.

R. Señor, ten piedad.

643. El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición: (la cual, como es tradicional, tiene por destinatarios principales a los seres humanos, y solo por medio de ellos, el lugar).

Eres grande, Señor, Dios nuestro, tú que en distintas ocasiones y de muchas maneras te has revelado a los hombres y te has dignado entregarnos tu Palabra en la Escritura inspirada por ti; atiende ahora nuestras súplicas: que todos los que acudan a esta biblioteca para cultivar las ciencias y las artes se pongan al servicio de la sabiduría que dimana de tu Palabra encarnada y, debidamente instruidos en la sana doctrina, trabajen asiduamente en la edificación de un mundo más humano. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

644. Después de la oración de bendición, el celebrante rocía con agua bendita a los presentes y el local.

CONCLUSIÓN DEL RITO

645. El celebrante concluye el rito, diciendo, con las manos extendidas sobre los presentes:

El Padre, Dios de todo conocimiento, nos instruya en sus caminos; Cristo, Sabiduría eterna, nos haga conocer la verdad; el Espíritu Santo, luz divina, ilumine siempre nuestras mentes, para que aprendamos lo que es justo y bueno y lo pongamos por obra.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R. Amén.

646. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

13 de septiembre de 2016, memoria litúrgica de San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él.
Día del bibliotecario.

San Juan Crisóstomo

Guion: Domingo XXV del Tiempo Ordinario


Administrador injusto pero sagaz


Ciclo C

Introducción

Hermanos, acudir a la Santa Misa es responder a la amorosa invitación de Dios. Como el mejor de los padres, Él nos prepara la Mesa familiar de la Palabra y de la Eucaristía. Gracias a Jesucristo, no somos esclavos que nos acercamos a mendigar las migajas del amo, sino hijos que tenemos el derecho de experimentar la bondad infinita de Dios.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Am. 8, 4.7

El profeta Amós "critica un estilo de vida típico de quienes se dejan absorber por una búsqueda egoísta del lucro (...) en desprecio a los pobres y en explotación de su situación en beneficio propio". (Cf. S.S. Benedicto XVI, Homilía en la Catedral de Velletri, 23/09/16).

Segunda lectura: Tim. 2, 1-8

El Apóstol nos invita a orar. Esta es nuestra aportación espiritual a la edificción de una comunidad eclesial fiel a Cristo y a la construcción de una sociedad más justa y más solidaria". (Cf. Ídem).

Evangelio: Lc. 16, 1-13

El Evangelio de Lucas tiene hoy como protagonista a un administrador injusto: el mismo Señor nos lo presenta como "modelo a seguir en su injusticia sino como ejemplo a imitar por su astucia previsora". (Ídem).

Oración de los fieles

R. Inclínate hacia nosotros, Señor; somos tus hijos.

-Por la paz y la unidad de la Iglesia. R.

-Por las intenciones del Papa para este mes. R.

-Por la generosidad de los gobernantes. R.

-Por la plena unidad de los cristianos. R.
 
-Por el respeto de las culturas aborígenes de todo el mundo. R.

-Por la esperanzada resignación de quienes lloran la pérdida de sus seres queridos. R.

-Por la fortaleza y perseverancia de quienes agonizan. R.

-Por la eterna salvación de los difuntos. R.
 
A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que nos llamas a amarte y servirte como único Señor, ten piedad de nuestra condición humana; sálvanos de la codicia de la riqueza, y haz que alzando al Cielo las manos libres y puras, te glorifiquemos con toda nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén". 


Ofertorio

Que el Señor nos conceda un corazón puro y humilde que, como ofrenda, se una al pan y al vino que llevamos al Altar.

Comunión

Al participar de la Mesa del Altar, nos unimos en espíritu a los comensales del Banquete eterno en la Morada celestial. El mismo Dios a Quien ellos adoran en la gloria es al que nosotros recibimos como Pan y adoramos en nuestro corazón.


Despedida

Anunciemos a todo el mundo que Dios nos ama y que jamás se cansa de esperar y de perdonar, como dice el Papa Francisco.


13 de septiembre de 2016, memoria litúrgica de San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él.




jueves, 8 de septiembre de 2016

Comunión de rodillas


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Benedicto XVI da la Comunión a S. Juan Pablo II


Texto de la Carta: negro. 
Resaltado del blog en ese mismo texto: negrita.
Comentario del blog: azul.

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Carta sobre el derecho que tienen los fieles a ponerse de rodillas para recibir la Santa Comunión, como también sobre la ilícita actitud de los sacerdotes que se la niegan.

Protocolo Nº 1322/02/L

Esta Carta, emanada a comienzos de la primera década del tercer milenio, fue enviada a un obispo por el entonces prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal chileno Jorge Arturo Medina Estévez, a raíz de la nota que habían dirigido al dicasterio muchos fieles de la diócesis. Si bien la respuesta está dirigida a él, es aplicable a todas las diócesis del mundo.
De la lectura del texto es evidente, por tanto, que queda zanjada la cuestión:

Roma, 1º de Julio de 2002

Su Excelencia:

Esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha recibido recientemente informes de miembros de la feligresía de su Diócesis a quienes se les niega la Sagrada Comunión cuando, al acercarse a recibirla, se ponen de rodillas en lugar de permanecer de pie. Los informes dicen que tal norma ha sido anunciada a los fieles. Tenemos indicios de que semejante fenómeno podría estar algo más extendido en la Diócesis, pero a esta Congregación no le es posible verificar si es así. No obstante, este Dicasterio tiene la seguridad de que Su Excelencia estará en una posición que le permita hacer una determinación más fiable sobre el asunto. De todas maneras, las quejas proporcionan una ocasión a esta Congregación para hacer saber el criterio que habitualmente se establece sobre esta materia, con el expreso pedido a Ud. de que lo haga conocer a cualquier sacerdote a quien sea necesario informarle. 
La Congregación está, de hecho, preocupada por el número de quejas similares que ha recibido desde varios lugares en los últimos meses, y considera que cualquier negativa de dar la Sagrada Comunión a un miembro de la feligresía, fundada en que se encuentra de rodillas para recibirla, es una grave violación a uno de los derechos más básicos del feligrés cristiano, a saber, el de ser ayudado por sus Pastores por medio de los Sacramentos (Código de Derecho Canónico, canon 213). En vista de la ley que establece que “los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos 1 a quienes los pidan de modo oportuno, 2 estén bien dispuestos y 3 no les sea prohibido por el derecho recibirlos” (C. Canónico 843, § 1), no debe negarse la Sagrada Comunión a ningún católico durante la Santa Misa, excepto en casos que pongan en peligro de grave escándalo a otros creyentes, como el pecador público o la obstinación en la herejía o el cisma, públicamente profesado o declarado. Aún en aquellos países donde esta Congregación ha aprobado la legislación local que establece el permanecer de pie como la postura para recibir la Sagrada Comunión, de acuerdo con las adaptaciones permitidas a las Conferencias Episcopales por la Institución Generalis Missalis Romani n. 160, § 2, lo ha hecho con la condición de que a los comulgantes que escojan arrodillarse no les será negada la Sagrada Comunión. De hecho, como Su Eminencia el Cardenal Joseph Ratzinger, ha enfatizado recientemente, la práctica de arrodillarse para recibir la sagrada comunión tiene en su favor una tradición multisecular, y es un signo particularmente expresivo de adoración, completamente apropiado en razón de la verdadera, real y substancial presencia de Nuestro Señor Jesucristo bajo las especies consagradas.

Dada la importancia de este asunto, la Congregación pide que Su Excelencia averigüe específicamente si este sacerdote niega de ordinario la Sagrada Comunión a algún miembro de la feligresía en las circunstancias descriptas más arriba y, si la queja se verifica, pide también que Ud. le ordene firmemente, a él y a cualquier otro sacerdote que pueda haber tenido tal práctica, que se abstengan de actuar así en el futuro. Los sacerdotes deben entender que la Congregación considerará cualquier queja futura de esta naturaleza con mucha seriedad, y si ellas se verifican, actuará disciplinariamente en consonancia con la gravedad del abuso pastoral.
Agradezco a Su Excelencia su atención sobre este asunto y cuento con su amable colaboración al respecto.

Sinceramente suyo en Cristo.

Jorge A. Cardenal Medina Estévez
Prefecto

+Francesco Pío Tamburrino
Secretario

Más que clara la misiva, cuyo general desconocimiento estamos llamados a revertir, difundiéndola por todos los medios que estén a nuestro alcance.


8 de septiembre de 2016, fiesta de la Natividad de María. Entrada dedicada a la dulce Virgen Niña.


 

martes, 6 de septiembre de 2016

Guion: Domingo XXVI del Tiempo Ordinario





Ciclo C

Introducción

Congregados en esta asamblea de hermanos, queremos celebrar la fiesta del Señor, presente en medio de nosotros (Cf. Beato Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 43).
La Eucaristía dominical nos identifica como cristianos,  que hemos recibido el precioso tesoro de la fe apostólica, y que tenemos la responsabilidad de custodiarlo y de transmitirlo íntegro a la próxima generación. Esta fiel transmisión es propia de los auténticos discípulos de Jesús, unidos más allá del tiempo y del espacio por nuestra participación del Santo Sacrificio de Jesús, que ahora nuevamente nos disponemos a ofrecer.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Am. 6, 1a. 4-7

El profeta Amós dirige una seria amonestación a los que viven en la opulencia y se desentienden de la suertee de sus hermanos.

Segunda lectura: I Tim. 6, 11-16

También nosotros, cristianos del siglo XXI, somos destinatarios de la exhortación que Pablo hace a Timoteo a "pelear el buen combate", es decir, de perseverar en la fidelidad al Señor.

Evangelio: Lc. 16, 19-31

La parábola del pobre Lázaro, que vamos a escuchar, nos infunde la certeza de que "quien no vale nada a los ojos de los hombres es valioso a los del Señor". (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 30/09/07).


Oración de los fieles

A la luz del salmo que la liturgia nos ha propuesto hoy, dirijamos al Señor nuestra plegaria confiada:

R. Escúchanos, Padre, porque Tú eres fiel.

-Para que el Señor, que ama a los justos, proteja a la Iglesia, y en particular a nuestro Santo Padre N. R.

-Para que el Señor, que reina eternamente, haga justicia a los oprimidos y dé pan a los hambrientos. R.

-Para que el Señor, que mantiene su fidelidad para siempre, libere a los cautivos y abra los ojos de los ciegos. R.

-Para que el Señor, que es el Dios de los portentos, enderece a los encorvados por el peso de la culpa y proteja a los extranjeros. R.

-Para que el Señor, que es, ante todo, Padre de los postergados, sustente al huérfano y a la viuda. R.

-Para que el Señor, que es el único Bueno, entorpezca el camino de los malvados. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que llamas por su nombre a tus pobres, mientras que el rico epulón carece de nombre, restablece con justicia la suerte de los oprimidos, pon fin a la orgía de los indiferentes, y haz que en este tiempo oportuno adhiramos a tu Palabra, para que creamos que Jesucristo ha resucitado de entre los muertos y que nos acogerá en tu Reino. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

"El pan y el vino (que presentamos) se convierten en cierto sentido en símbolo de todo lo que lleva esta asamblea eucarística, por sí misma, en ofrenda a Dios".  (Cf. San Juan Pablo II, Carta Dominicae Cenae, 9).


Comunión

Bendito sea Jesús, el Cordero cuyo poder y mansedumbre se manifiestan de modo portentoso en la frágil Hostia que nos hace fuertes a los débiles, pacíficos a los violentos, y hermanos a los desconocidos.
Así de infinitos son el amor y la generosidad, de Dios: no podía darnos menos que a Sí mismo.
 

Despedida

Que la participación en el Banquete celestial acreciente en nosotros el deseo de perseverar en el combate espiritual de la fe.


20 de septiembre de 2016, memoria litúrgica de los santos Andrés Kim Taegon, Pablo Chong-Hasang, y compañeros; mártires.


lunes, 5 de septiembre de 2016

Guion: Domingo XXIV del Tiempo Ordinario





Ciclo C

Introducción

Hermanos:

La siguiente exhortación de San Juan Pablo II quiere iluminar hoy nuestra liturgia dominical y poner de relieve su gran importancia en nuestra vida:

"Tomen en serio la invitación que les dirige la Iglesia con carácter obligatorio a participar todos los domingos en la Santa Misa. Aquí debéis encontrar continuamente, en medio de la comunidad, al Padre y recibir el don de su amor, la santa comunión, el Pan de nuestra esperanza. Configuren todo el domingo con esa fuente de energía como un día consagrado al Señor. Pues a Él pertenece nuestra vida; a Él se debe nuestra adoración. Así podrá permanecer viva en al existencia cotidiana su unión con Dios y convertirse todas sus acciones en testimonio cristiano". (Cf. Homilía en Viena, 11/09/83).

Ojalá estas palabras del Pontífice santo sean plenamente valoradas por cada uno de los que constituimos esta asamblea fraterna.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Éx. 32, 7-11. 13-14

La humilde intercesión del santo Profeta Moisés en favor del pueblo idólatra, conmueve las entrañas de Dios Misericordioso. He aquí el misterio de la "comunión de los santos": los méritos de los justos redundan en beneficio de los pecadores.

Segunda lectura: I Tim. 1, 12-17

El primer paso hacia una fructuosa conversión es el humilde reconocimiento de las propias faltas. El Apóstol Pablo en persona es un testigo elocuente de ello.

Evangelio: Lc. 15, 1-32

Estamos por escuchar una de las páginas más conmovedoras de la Biblia, que pone de manifiesto la incomparable Misericordia de Dios, el Padre bueno que jamás se cansa de esperar al hijo que se ha alejado de Él.


Oración de los fieles

R. Señor, que nos levantemos y volvamos a Ti.

-Para que la Iglesia se regocije por la conversión y el testimonio de sus hijos pecadores. R.

-Para que no sean en vano las exhortaciones del Papa y de los demás pastores fieles. R.

-Para que la incontable multitud de "hijos pródigos" que vagan por el mundo sigan nuestros pasos hacia el abrazo amoroso del Padre Bueno. R.

-Para que los cristianos, a diferencia del hijo mayor de la parábola, acojamos con amor a cuantos regresan al regazo del Padre del perdón. R.

-Para que, imitando la compasión del Padre Celestial, podamos consolar a quienes sufren por la ausencia física o espiritual de sus hijos. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que por la oración de tu siervo Moisés, no abandonaste al pueblo obstinado en la negación de tu amor, concede a la Iglesia, por los méritos de tu Hijo que intercede siempre por nosotros, hacer fiesta junto a los ángeles, incluso por un solo pecador que se convierte. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Que el sacrificio de nuestro corazón contrito, como el del hijo pródigo, sea la ofrenda que hoy llevemos al Altar junto al pan y al vino.


Comunión

Más que el padre de la parábola, nuestro Padre del Cielo ha preparado para nosotros, que tantas veces nos hemos alejado de Él, no un festejo de algunas horas, sino el gran Banquete eucarístico, antesala y anticipo de las fiestas de la eternidad.


Despedida

Al concluir esta celebración, en que hemos gustado de la misericordia de un Dios que siempre perdona, propongámonos que ninguno de nuestros pecados sea un camino sin regreso hacia este Padre que siempre nos espera.


5 de septiembre de 2016, festividad de Santa Teresa de Calcuta, virgen. Entrada dedicada a ella.