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La verdadera Iglesia de Dios...

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miércoles, 16 de agosto de 2017

Guion: Domingo XX del Tiempo Ordinario


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Ciclo A

Introducción

Hermanos, el "misterio del día del Señor" nos encuentra nuevamente unidos.
En una alocución del último año de su vida terrena, san Juan Pablo II se refiere a este tema conafirma sobre  las siguientes palabras:

"No ha sido la Iglesia la que ha elegido este día, sino el mismo Cristo Resucitado, y por ello, los fieles deben acogerlo con gratitud, haciendo del domingo el signo de su fidelidad al Señor y un elemento irrenunciable de la vida cristiana". (Alocución a los participantes de la Sesión Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, 21/01/05).

Por tanto, queridos hermanos, al celebrar la Eucaristía de este Domingo XX del Tiempo Ordinario, pidamos a Dios comprender en profundida y vivir con fervor lo que esas palabras significan.
 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 56, 1. 6-7

Grandes son las promesas que el Señor a quienes perseveran en el fiel cumplimiento de sus mandatos. 

Segunda lectura: Rom. 11, 13-15. 29-32

El Apóstol nos habla del misterio de la Misericordia de Dios, que alcanza a todos los hombres; aún a los más duros de corazón. Demos gracias por ser destinatarios privilegiados de esa Misericordia.

Evangelio: Mt. 15, 21-28

El Evangelio de hoy nos presenta la súplica insistente de una mujer cananea que parece no ser escuchada por el Señor.

"Su insistencia en invocar la intervención de Cristo es para nosotros un estímulo a no desalentarnos jamás y a no desesperar ni siquiera en medio de las pruebas más duras de la vida". (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 14/08/05).


Oración de los fieles

Las siguientes preces (salvo la primera monición introductoria), están tomadas de la Santa Misa de la Vigilia Pascual del año 2017, presidida por el Santo Padre Francisco en la Basílica Vaticana el 16 de abril de ese año:

Acudamos a nuestro Padre del Cielo, en nombre de "los innumerables ´cananeos´ de todo tiempo, país, color y condición social, que tienden su mano para pedir comprensión y ayuda en sus necesidades": (San Juan Pablo II, Audiencia General, 16/12/87).

R. Señor, socórrenos.

O bien:

Queridos hermanos, renacidos a la gracia por el bautismo, elevemos jubilosos nuestra oración al Padre:

R. Señor, ten piedad.

-Reaviva la fe de la Iglesia. R.

-Inflama de tu caridad el corazón de los obispos y los sacerdotes. R.

-Haz luminosa y alegre la donación de las personas consagradas. R.

-Renueva el amor y la fidelidad de los esposos. R.

-Colma con tu gracia a cuantos reciben el sacramento del bautismo. R.

-Protege a los pequeños de toda forma de escándalo. R.

-Vence la dureza de corazón de los pecadores y de los violentos. R.

-Libera de la oscuridad y la tristeza a las personas angustiadas. R.

-Reaviva la esperanza de las víctimas de la maldad y la indiferencia. R.

-Admite en tu presencia a los fieles difuntos. R.

Oración conclusiva

"Oh, Padre, que por el Misterio pascual de Jesús nos has hecho hijos tuyos, escucha nuestra oración y haznos partícipes de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que en el anonadamiento de tu Hijo, manso y humilde de corazón, has cumplido el designio universal de salvación, revístenos de sus sentimientos, para que con palabras y obras, demos continuo testimonio de tu amor eterno y fiel. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

En este instante del ofertorio, imitando los sentimientos de confianza y humildad de la mujer cananea del Evangelio de hoy, ponemos nuestra vida a disposición del Señor y aceptamos su santísima Voluntad, cualquiera ella sea. Todo esto se hace ofrenda con el pan y con el vino.


Comunión

El Eterno Padre, por el Sacrificio de su Hijo, nos invita a la Mesa santa del Altar, para que no vayamos por el mundo mendigando las migajas que sobran a los poderosos, sino que nos nutramos con el Cuerpo y la Sangre del mismo Jesucristo, Manjar de Vida inextinguible.


Despedida

Como frutos de esta Eucaristía que concluye, pidamos al Señor el don de la santa perseverancia en la fe y el de la confiada insistencia en la oración.


!6 de agosto de 2017, memoria litúrgica de los santos Esteban de Hungría y Roque, en el VII centenario de la muerte terrena de este último. Entrada dedicada a ellos.
 

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San Roque

sábado, 12 de agosto de 2017

Guion: Domingo XIX del Tiempo Ordinario


 


Ciclo A

Introducción

Una vez más, nuestra asamblea está constituida. Demos gracias al Padre, que permite que nos reunamos en su paz para celebrar el Sacrificio de Jesús. Oremos también por aquellos hermanos que no pueden participar del Banquete eucarístico, a causa de la guerra, la persecución, la enfermedad, la disminución o pérdida de la fe, la escasez de ministros sagrados, y otras calamidades. Celebremos la Santa Misa por sus intenciones, y en comunión de fe y amor con todos ellos.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: I Rey. 19, 9a. 11-13a

El Dios de las promesas se manifiesta a nosotros, como al profeta Elías, en la sencillez de nuestra vida de cada día.

Segunda lectura: Rom. 9, 1-5

El pueblo de Dios, que constituimos todos los miembros de la Iglesia, es el nuevo Israel que avanza por el desierto del mundo hacia la Patria prometida del Cielo.

Evangelio: Mt. 14, 22-33

Dejémonos iluminar por las palabras del Evangelio que vamos a escuchar, y pidamos al Señor que reafirme nuestra fe, que vacila en medio de las tormentas del mundo presente.


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la Santa Misa del Domingo de Ramos, presidida por el Sumo Pontífice Francisco en la Plaza de San Pedro el 9 de abril de 2017:

Unamos nuestras voces a la de Jesús, el Cordero inmolado por nuestra salvación:

R. Te rogamos, óyenos.

O bien: (Salmo responsorial de hoy)

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

-Para que la gracia de la Eucaristía una firmemente la Iglesia a su Esposo, y le conceda la alegría de engendrar nuevos hijos para la Vida eterna. R.

-Para que la donación total de Jesús en la Cruz oriente a los políticos y jueces a que nunca desvíen su mirada de la verdad. R.

-Para que el Supremo Sacrificio del Señor Jesús, (celebrado de manera incruenta en el Altar), dé a los cristianos perseguidos una dulce fortaleza en la hora de la prueba, y convierta el corazón de los perseguidores. R.

-Para que la adhesión total de Jesús al Padre convenza a los jóvenes de que nada ajeno a la voluntad de Dios puede hacer plena y bella la vida. R.

-Para que las Llagas del Cuerpo glorioso del Señor sean fuente de consuelo y esperanza para las personas solas, e impulsen a los cristianos a la misericordia. R.

Oración conclusiva

"Oh, Padre, acoge la oración de la Iglesia y derrama en la humanidad la abundancia de los dones que brotan del Costado abierto de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Omnipotente Señor, que gobiernas todo lo creado, recuerda nuestra fe y haz que te reconozcamos presente en todas las vicisitudes de la vida y la historia, para afrontar serenamente cualquier prueba y caminar con Cristo hacia tu paz. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

"Ven, Espíritu Santo, y reúne a tu Iglesia, para que nuestra vida se convierta en ofrenda".

Así ora un conocido cántico al Espíritu del Señor. Hagamos nuestra esta plegaria ahora que presentamos los dones eucarísticos. Que sea cada vez más patente la unidad de los que confesamos nuestra fe en Cristo. Así nuestra vida de veras será una ofrenda agradable al Señor.



Comunión

Que nuestra comunión con el Cuerpo y la Sangre del Señor, consolide el misterio de la unidad entre nosotros y con Dios Trino.


Despedida

Perdón. Palabra de Dios. Eucaristía. Bendición sacerdotal. Paz. Son los dones espirituales que hemos recibido en esta santa asamblea. Que hagan de nosotros, verdaderas antorchas en medio de la oscuridad del mundo.



7 de agosto de 2017, memoria litúrgica de san Sixto II, Papa y compañeros; mártires, y de san Cayetano, presbítero. Entrada dedicada ellos.



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Santos Sixto II, Lorenzo, y compañeros, mártires

Bendición de una nueva casa religiosa


Seminario "Santo Tomás de Aquino" (Rep. Dominicana)


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XII del Bendicional, en  la parte correspondiente a las "bendiciones de construcciones y actividades", ofrece la siguiente bendición:

BENDICIÓN DE UNA NUEVA CASA RELIGIOSA

Razón de la bendición:

577. Puesto que en las casas religiosas se agrupan los que, profesando los consejos evangélicos, desean seguir e imitar más de cerca a Cristo, el Señor, es conveniente dotar a estas casas de una peculiar bendición.

578. En el presente Rito, con la denominación de "casa religiosa" se designan también los conventos y monasterios. En la celebración, respetando siempre los elementos principales, se ha de acomodar todo a las circunstancias del lugar y de las personas, teniendo en cuenta también la índole propia y peculiar del Instituto y de su función apostólica. De esta manera, el presente rito se verá enriquecido con la liturgia y la piedad propia del Instituto religioso que será objeto de la bendición. Cuando se trata de bendecir una casa de formación, pueden tomarse algunos elementos, oportunamente adaptados, de la Bendición de un seminario, en base a lo que se halla descrito en el capítulo XI (del Bendicional).

579. Aunque esta bendición atañe principalmente a los mismos religiosos, es conveniente elegir para esta celebración un día en que pueda participar en ella la comunidad de fieles en cuyo provecho se erige la nueva casa religiosa. Sería oportuno realizar la bendición, por ejemplo, en un domingo, por ser dies Domini, o bien, en las fiestas patronales del mismo Instituto, o durante el Tiempo pascual, siguiendo la tradición de la Iglesia. (Cf. infra, n. 582).

580. El Rito que aquí se presenta puede realizarlo el presbítero (aunque) al Ordinario a cuyo cuidado está encomendada la casa religiosa compete la bendición del nuevo edificio. Si él no puede presidir el rito, encomendará esta presidencia al superior de la comunidad. Si preside el rito un presbítero que no pertenece al Instituto, o el Obispo, debe adaptarse todo de acuerdo con esta circunstancia.

581. Si la casa religiosa tiene iglesia propia, y ésta se dedica o bendice, en las letanías o en la oración de los fieles pueden intercalarse, según las circunstancias, algunas invocaciones o intenciones relacionadas con la casa y las peculiaridades de la vida religiosa que en ella van a practicar sus miembros. (Esto, en pro del "enriquecimiento" aludido en el n. 578).

582. En aquellos lugares donde se hace la bendición de las casas durante el Tiempo pascual o en otro tiempo determinado y se estima oportuno bendecir también las casas religiosas, el ministro, poniéndose antes de acuerdo con la familia religiosa, preparará una adecuada celebración, que favorezca el bien espiritual de los participantes.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

583. Los religiosos y fieles se reúnen en el lugar donde se ha erigido la nueva casa religiosa, y se interpreta, según convenga, un canto adecuado.

584. Terminado el canto, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

585. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

Dios, fuente y origen de toda santidad, que nunca deja de llamar a los hombres al seguimiento de Cristo, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O bien:

A él la gloria por los siglos de los siglos.

O de otro modo adecuado.

586. El celebrante dispone a los presentes para la celebración, con estas palabras u otras semejantes:

Donde dos o tres se reúnen en el nombre de Cristo, allí está Cristo en medio de ellos. Al bendecir esta casa, en la que vivirán juntos aquellos a los que congrega el amor de Cristo, con el fin de seguirlo fielmente más de cerca en la caridad y la castidad, en la pobreza y la obediencia, imploramos la bondad de aquel de quien procede todo bien y le suplicamos que los ayude a poner por obra lo que han prometido, buscando en todo, como Jesús, la gloria del Padre; que, hermanados en la oración perseverante, manifiesten la imagen de la Iglesia orante, y, guiados por el Espíritu Santo, trabajen sin descanso, cada cual según su propia vocación, para que Cristo habite siempre en todos nosotros.

587. Terminada la monición, el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran un rato en silencio. Después el celebrante prosigue:

Oh, Dios, que continuamente activas en nosotros el querer y el obrar, te bendecimos, porque en nuestro peregrinar aquí en la tierra nos concedes el don de anhelar tus atrios. Haz, te pedimos, que estos servidores tuyos, cuya casa hoy inauguramos, te escuchen con fe, te supliquen en la oración, te busquen en su trabajo, te encuentren en toda ocasión y sean testigos de tu Evangelio, para que Cristo difunda en todas partes, por medio de ellos, la fragancia de su conocimiento, hasta que rebosen de gozo cuando se manifieste su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

588. Luego, los lectores o los diáconos leen uno o varios textos de la Sagrada Escritura, de los que se indican en el Leccionario de la Misa por los religiosos (3) o en la consagración de vírgenes y en la profesión religiosa (4), intercalando los convenientes salmos responsoriales o bien espacios de silencio. La lectura del Evangelio ha de ser el acto más relevante.

"Uno o varios". Nótese que no se explicita cuántos. En efecto, estamos en presencia de un rito litúrgico diferente de la Misa, en la cual está perfectamente determinado cuántas y cuáles lecturas habrán de proclamarse, de acuerdo con el día o tiempo litúrgico.

589. Pueden emplearse también los textos que se indican a continuación:

Hb 13, 1-3. 5-7. 14-17: Aquí no tenemos ciudad permanente

Escuchad ahora, hermanos, las palabras de la carta a los Hebreos.

Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos recibieron sin saberlo la visita de unos ángeles. Acordaos de los que están presos, como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne. Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: «Nunca te dejaré ni te abandonaré»; así tendremos valor para decir: «El Señor es mi auxilio: nada temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?» Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la Palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura. Por medio de Cristo, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, el fruto de unos labios que profesan su Nombre. No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios. Obedeced con docilidad a vuestros dirigentes, pues ellos se desvelan por vuestro bien, sabiéndose responsables; así lo harán con alegría y sin lamentarse, con lo que salís ganando.

Palabra de Dios.

590. O bien:

Jn. 1, 35-42: Se quedaron con Jesús aquel día

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Juan:

Al día siguiente, estaba de nuevo Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
—«Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
—«¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
—«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo:
—«Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
—«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús.

Palabra del Señor.

591. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 132 (133), 2. 3 (R.: 1)

R. Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos.

Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su ornamento. R.

Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte Sion.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para siempre. R.

592. O bien:
 
Sal 23 (24), 1-2. 3 4. 5-6 R. (cf. 6) Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Sal 44 (45), 11-12. 14-15. 16-1R. (cf. Mt 25, 6) ¡Que llega el esposo, salid a recibir a Cristo, el Señor!

Sal 83 (84), 3. 4. 5. 11. 12 R. (2) ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

593. Luego, el celebrante hace la homilía, en la cual explica las lecturas bíblicas y el significado de la celebración.

PRECES

594. Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento o de los presentes.

Cristo, el Señor, prometió permanecer en medio de sus discípulos hasta el final de los tiempos; supliquémosle con humilde y confiado amor:

R. Quédate con nosotros, Señor.

Tú que te hiciste hombre de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y quisiste habitar entre nosotros;
—agradecidos, te recibimos en nuestra casa. R. (Adviértase que esta súplica es como una paráfrasis del Ángelus).

Tú que quisiste vivir en Nazaret con María y José,
—dígnate elegir esta casa como lugar de tu residencia. R.

Tú que prometiste estar en medio de los que se reúnen en tu Nombre,
—dirige tu mirada hacia quienes tu amor ha congregado en la unidad. R.

Tú que en la tierra no tuviste dónde reclinar la cabeza,
—acepta esta casa preparada amorosamente para ti. R.

Tú que prometiste recibir en las moradas eternas a los que te acogen con bondad en la persona de los huéspedes,
—enséñanos a reconocerte en los hermanos, y a servirlos con alegría por amor a ti. R.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

595. El celebrante, con las manos extendidas, añade a continuación la oración de bendición:

Oh, Dios, inspirador y autor de todo santo propósito, atiende benignamente nuestras súplicas, y concede a cuantos habiten en esta casa la gracia de tu bondad; sea éste un lugar en el que constantemente se medite tu Palabra, se practique el amor fraterno, se ejercite una diligente actividad y una incansable ayuda a los hermanos, para que, de este modo, quienes se han entregado al seguimiento de Cristo, presenten ante todos un vivo ejemplo de vida consagrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

596. O bien:

Señor Jesucristo, tú aseguraste que quienes profesan los consejos evangélicos tienen preparada una morada en el cielo; guarda y rodea con el muro de tu protección esta casa religiosa que ahora bendecimos, para que cuantos han de vivir en ella se mantengan unidos por la caridad fraterna, en actitud de servicio generoso a ti y a los hermanos; sean, con su vida, testigos del Evangelio y fomenten la piedad cristiana. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

597. Después de la oración de bendición, el celebrante rocía con agua bendita a los presentes y la casa, mientras se canta la antífona:

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Nos congregó y unió el amor de Cristo.
Regocijémonos y alegrémonos en él.
Temamos y amemos al Dios vivo,
y amémonos con corazón sincero.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Pues estamos en un cuerpo congregados,
cuidemos no se divida nuestro afecto.
Cesen las contiendas malignas, cesen los litigios,
y en medio de nosotros esté Cristo Dios.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Veamos juntamente con los santos
tu glorioso rostro, ¡oh, Cristo Dios!
Éste será gozo inmenso y puro,
por los siglos de los siglos infinitos.

U otro canto adecuado.

CONCLUSIÓN DEL RITO

598. Luego, el diácono, según las circunstancias, invita a los presentes a bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Inclinaos para recibir la bendición.

El celebrante, con las manos extendidas sobre los presentes, concluye el rito, diciendo:

Dios, que nos concede habitar en esta casa, nos guarde de toda perturbación interior y exterior, nos infunda el consuelo del Espíritu Santo y nos dé la perseverancia y la fidelidad en el santo propósito de vivir consagrados a él.

R. Amén.

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

R. Amén.

599. O bien:

Dios, Padre todopoderoso os bendiga, para que sea ésta una santa morada en la que ofrezcáis culto en su presencia.

R. Amén.

Cristo, el Señor, habite por la fe en vuestros corazones y os transmita el Reino en la casa de su Padre.

R. Amén.

El Espíritu Santo viva con vosotros y esté con vosotros, para que el gozo que ahora experimentáis llegue a su feliz cumplimiento.

R. Amén.

Finalmente bendice a todos los presentes, diciendo:

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

R. Amén.

600. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


Notas:

3 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 852-856.
4 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 811-815.


12 de agosto de 2017, memoria litúrgica de santa Juana Francisca Frémyot de Chantal, religiosa. Entrada dedicada a ella.


viernes, 11 de agosto de 2017

Santa Clara, virgen: himnos litúrgicos


 

El 11 de agosto los franciscanos celebran la fiesta ("memoria litúrgica" para el Calendario universal) de santa Clara de Asís, virgen, cofundadora (junto a san Francisco de Asís), de la segunda Orden Franciscana (clarisas), para la cual es "solemnidad". Estos son los himnos litúrgicos propios:


I Vísperas (para las clarisas)

I

Te bendecimos, Padre,
Dios del Cielo y la Tierra,
lo escondido a los sabios,
a los pobres revelas.

Hermana Clara, dinos la fuente
donde se abreva tu corazón.
Es la riqueza de la pobreza:
dejarlo todo y seguir a Dios.

Hermana Clara, lámpara viva,
¿cómo se enciende tu corazón?
Con la belleza de la pureza
los ojos limpios verán a Dios.

Hermana Clara, viña elegida,
¿por qué florece tu corazón?
En el presente vive el futuro,
el hoy que fluye del hoy de Dios.

Hermana Clara, flor de la Iglesia,
que tanto quiere nuestro Señor.
Te dio la palma con la azucena,
le diste todo lo que te dio.

Clara, plantita de san Francisco,
tienes raíces que no se ven,
y de ellas brotan flores y frutos
mientras, ocultas, crecen sin ver.

Hermana Clara, Cristo en tus manos,
Eucaristía te enardeció.
Que nos alcancen tus bendiciones
y bendigamos siempre al Señor. Amén.


II 

Es la esposa del Rey la virgen Clara,
virgen y esposa cual la Iglesia santa,
para el Divino Amor su sueño es vela,
y canto el despertar antes del alba.

Ni muro ni castillo aquel recinto
que en caridad congrega a las hermanas;
es San Damián bello jardin, clausura
para el coloquio santo de la amada.

Aquí palpita el mundo doloroso
en el cuerpo de Clara y su plegaria;
junto al altar, junto a la cruz es madre,
y en silencio engendra, gime, abraza.

Pobre de corazón, como en Belén
nuestro Señor nacido en unas pajas,
pobre como en la Cruz el Dios Altísimo
que se nos da sin retenerse nada.

Hermana de los ángeles, contempla
al Vencedor con cara iluminada,
y en el desierto clama peregrina:
«¡Tráeme al olor de tu fragancia!»

Que Cristo se levante, inmenso, santo,
que derrame la luz de su mirada:
¡la Iglesia te bendice, bienamado,
y en ti se goza con la virgen Clara! Amén.



Oficio de lectura

Me pensaste desde siempre,
Señor de la eterna alba,
y me creaste en el tiempo
con amor, a tu hora exacta.

Gracias porque me pensaste;
porque me creaste, gracias.

Me cuidaste como un padre
a su hija muy amada,
y me infundiste tu Espíritu
para fuego de mi llama.

Gracias porque me pensaste;
porque me creaste, gracias.

Gracias por mi tierra umbra
y por mi nombre de Clara,
por mi Padre San Francisco
y por mis tantas hermanas.

Gracias, porque me pensaste;
porque me creaste, gracias.

Por mi vida, por mi muerte,
por mi bienaventuranza,
por Ti mismo, por tu gloria
conocida y ensalzada…


¡Gracias porque me pensaste!
¡Porque me creaste, gracias!



Laudes

Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana Clara,
que, joven, rica y noble,
se abrazó por tu amor a la pobreza santa.


Loado seas, mi Señor,
por su fuga amorosa en la noche estrellada,
por el despojo alegre de su cabellera
y por su virginal ofrenda enamorada.


Loado seas, mi Señor
porque enseñó de vida y de palabra
a ser lo que quería:
tu hija, tu madre, tu esposa y tu hermana.


Loado seas, mi Señor,
porque te amó en tu Cruz hasta las lágrimas,
y, orándote, hasta el éxtasis,
y hasta el temblor, de asombro, si te comulgaba.


Loado seas, mi Señor,
porque te complaciste tanto en su mirada,
que suscitaste por doquier
miles y miles a su semejanza.


Loado seas, mi Señor,
por su vida penitencial y liberada,
y por su muerte alegre
de verte, Rey glorioso, cara a cara.


¡Loado seas, mi Señor,
Padre celeste, y Filial Palabra,
y Espíritu de Amor!
¡A ti el honor, la gloria, la alabanza! Amén.


 
Vísperas


Al caer de la tarde silenciosa,
cuando todo era calma en el ambiente,
una luz se encendía diligente
en oración humilde y amorosa.


Eras tú, Clara, corazón amante,
que velabas al Dios Sacramentado,
pidiendo por el mundo atormentado,
de tanto desamor desconcertante. 


Plegaria y sacrificio: así juntabas
con alegre talante contagioso,
que arrastraba tras sí, por amoroso,
a las flores vivientes que cuidabas. 


Y así, cuando por fin llamó el Esposo
a tu puerta, radiante de alegría
a su encuentro saliste en este día
con aceite abundante y luminoso. 


En el coro de vírgenes prudentes,
alabas al Señor tres veces Santo;
nosotros nos unimos a tu canto
y a tu gozo seráfico y ferviente. Amén.



11 de agosto de 2017, memoria litúrgica (para la Familia Franciscana, fiesta; para las clarisas, solemnidad) de santa Clara de Asís, virgen, patrona de la televisión, cofundadora de la Segunda Orden franciscana. Entrada dedicada a ella. 


jueves, 10 de agosto de 2017

Prefacio propio de Santa Clara, virgen


 


El 11 de agosto los franciscanos celebran la fiesta ("memoria litúrgica" para el Calendario universal) de santa Clara de Asís, virgen, cofundadora (junto a san Francisco de Asís), de la segunda Orden Franciscana (clarisas), para la cual es "solemnidad". Este es el Prefacio propio:


PREFACIO

V. El Señor esté con vosotros. 
R. Y con tu espíritu. 

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. 

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque impulsaste a tu sierva Clara,
con el ejemplo de san Francisco, 
a seguir las huellas de tu Hijo,
y la uniste a Él
en desposorio místico y en amor eterno.

Elevada a la cumbre
de la espiritualidad franciscana
por el camino de la extrema pobreza,
la constituiste también
madre de innumerables vírgenes.

Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...


(El Misal de la Conferencia Episcopal Italiana ha querido incluirlo en sus páginas):


È veramente cosa buona e giusta,
nostro dovere e fonte di salvezza,
rendere grazie sempre e in ogni luogo
a te, Signore, Padre santo,
Dio onnipotente ed eterno.


Tu hai ispirato a santa Chiara
di seguire fedelmente,
sull’esempio di san Francesco,
le orme del tuo Figlio,
sposandola a lui misticamente
con vincolo di perenne fedeltà e amore:
e avendola innalzata,
per la via della più eroica povertà,
alle altezze della seràfica perfezione,
l’hai costituita Madre e Maestra
di una moltitudine di vergini.


Per questo dono della tua benevolenza,
uniti agli Angeli e ai Santi,
con voce unanime
cantiamo l’inno della tua lode...


10 de agosto de 2017, fiesta de san Lorenzo, diácono y mártir.
Para las clarisas, I vísperas de la solemnidad de santa Clara de Asís, virgen, patrona de la televisión, cofundadora de la Segunda Orden franciscana. Entrada dedicada a ella.



lunes, 7 de agosto de 2017

Santo Domingo, presbítero: Secuencia


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Desde antiguo, la Orden de Predicadores canta esta Secuencia el 8 de agosto, en la solemnidad de su santo padre Fundador, Domingo de Guzmán. El nombre latino de este precioso texto es In caelesti hierarchia:



Secuencia

Resuene en los coros celestiales
una nueva armonía,
al son de un cántico nuevo.

Concuerde con ella la melodía
de nuestro coro de la Tierra
celebrando a Domingo.

Del Egipto de este inmenso mundo,
llama el Hacedor del universo
a este varón forjado según su corazón.

Embarcado en la cestilla de la pobreza
atraviesa el río de las vanidades, para
lanzarse a la salvación de los pueblos.

Este predicador del universso
le es mostrado por el Cielo a su madrre
antes de nacer, en figura de un cachorrillo.

Llevando en la boca una antorcha,
exhorta a los pueblos
al precepto de la caridad.

Este es el nuevo legislador,
este el émulo de Elías,
el enemigo de todo mal.

Como otro Sansón, ahuyenta las zorras,
y con la trompeta de Gedeón
pone en fuga a los ejércitos enemigos.

Viviendo él todavía, resucita
de los muertos a un hijo, y se lo
devuelve vivo a su madre.

Con la señal de la Cruz hace cesar
la lluvia, y alimenta a la Comunidad
con pan enviado por Dios.

¡Feliz tú por quien ya toda la Iglesia,
inundada de gozo, es exaltada!

Llena el mundo de la semilla de su Palabra,
y él, por fin, va a ocupar su lugar entre
los coros de los bienaventurados.

El grano yace oculto y la estrella
se esconde en la penumbra.

Pero el Creador de todos hace pulular
los huesos de José y resplandecer la estrella
para salvación de los pueblos.

¡Oh, cómo denuncia el aroma de su sepulcro
la frescura y lozanía de su cuerpo, fragante
más que todos los perfumes!

Acuden los enfermos y son curados,
ven los ciegos; los tullidos sanan
al conjuro de sus virtudes.

Por eso, proclamemos loores
con sentida voz
al admirable Domingo.

Clama, ¡oh, pueblo indigente!,
pidiéndole socorro
y siguiendo sus pisadas.

¡Y tú, padre clemente, buen pastor
de tu grey y patrono, eleva a Dios
tu oración siempre solícita!

Encomienda eternamente
ante el trono del Rey Altísimo
los intereses de tu grey desamparada.
Amén. Aleluya.


7 de agosto de 2017, para los dominicos, I vísperas de la solemnidad de santo Domingo de Guzmán, presbítero. Entrada dedicada a él.



Santo Domingo de Guzmán, presbítero: himnos litúrgicos


 


La Orden de Predicadores celebra la "solemnidad" de su santo padre fundador, Domingo de Guzmán, cada 8 de agosto (el mismo día en que el Calendario universal lo inscribe como "memoria obligatoria"). Estos son los himnos propios de la Liturgia de las Horas dominica:


I Vísperas

A ti, Domingo, como Padre honramos,
a quien Dios consagró para Sí mismo,
dándote con su propio e insigne Nombre,
prenda de su amor. Amén.

Sabio caudillo de ejército santo,
a vivir de la fe tú nos animas,
y a tener como grey de redimidos,
virtud sin mancha.

Predicas a tiempo y a destiempo insistes;
mandas al mundo frailes animosos
que a Cristo prediquen cual Luz y Premio
de vida eterna.

Tú, leal a Dios y a la santa Iglesia,
pobre, inocente y nítido espejo,
el ideal de todas las virtudes
tú nos renuevas.

A la Trinidad, gloria de alababza,
y pues ya tal honor te ha concedido,
siguiéndote, a nosotros nos conceda
un gozo eterno. Amén.


Oficio de lectura

Alabemos a Domingo, nuevo soldado de
Cristo; su vida al nombre responde,
hombre como el Evangelio. (Amén).

Conservando sin mancilla
el lirio de la pureza,
como antorcha ardió su vida,
buscando a los descarriados.

Sobreponiéndose al mundo,
su corazón preparaba
para vencer al Maligno,
solo y la gracia de Cristo.

Luchó con palabra ardiente
y realizando milagros;
mandó sus frailes al mundo
y oró con frecuente llanto.

A Dios Uno y Trino sean
honor, gloria y alabanza;
por la oración de Domingo
nos lleve al gozo del Cielo. Amén.


Laudes

Tú que por tu nombre y vida ya mostrabas
ser todo del Señor y que amas al hombre,
vuelve del Cielo a renovar el mundo,
con palabras de salvación. (Amén).

Predica el premio de la fe sincera
que tú con amor solícito serviste;
la buscaste en tus fatigas y plegarias,
y la has conseguido en el Cielo.

Tú que fuiste pobre, predica a los hombres,
que las riquezas de Cristo, más que nada,
al corazón preparan gozos de verdad,
para que miren al Cielo.

La nívea pureza de tu corazón
predique al hombre no amar bajos placeres,
y que manteniendo puro el propio cuerpo,
con los ángeles se unan.

Gloria perpetua sea a la Trinidad;
danos la gracia de disfrutar el premio
de poder cantar contigo para siempre
el himno nuevo en el Cielo. Amén.


II Vísperas

De salvación fue un heraldo
el que ya en su propio nombre,
anuncio alegre del Cielo,
consagración auguraba. amén.

En tu  corazón tan grande,
más anchuroso que el orbe,
Dios y su fe encontraron
un defensor decidido.

Prudente, benigno y cándido,
ardoroso en tu celo,
luchaste como un atleta
siendo íntegra tu verdad.

Como un viento impetuoso
las nubes del error barres,
para que con pie seguro
caminemos en la Iglesia.

Haz que en tus hijos aliente
ese ardor tan generoso,
y con fe viva afiancemos
nuestra esperanza en el cielo.

Haznos fuertes frente al mundo,
superando su aspereza,
para que junto a los santos
la gloria de Dios cantemos.


7 de agosto de 2017, para los dominicos, I visperas de la solemnidad de santo Domingo de Guzmán, presbítero. Entrada dedicada a él.